.

.

 

Logo Intercultural Platform
[HOME] [INTRODUCTION] [LITERATURE] [GALLERY] [NEW] [PUBLISH]

Begin Back Start reading Page down Forward End Mail

La Marcha Fúnebre - Michel Janssen

[Other titles in Spanish] [All other titles]


En el centro de la ciudad de La Paz, capital de la república de Bolivia, hay una plazuela donde siempre está sentado un grupo de hombres viejos. No son viejos comunes, son los excombatientes de la Guerra del Chaco, la contienda bélica que bañó en sangre a Bolivia y Paraguay en los años treinta de este siglo.

La Pérez Velasco, así se llama la plazuela, es uno de sus lugares de reunión. Allí estos ancianos con cicatrices y ternos desgastados conversan con sus antiguos compañeros de armas u observan en silencio el subir y bajar de los microbuses, siempre repletos de pasajeros y carga.

A veces se les encuentra en una de esas tabernas de tablas bastas, tan abundantes en La Paz, donde el alcohol ayuda a aguantar el frío del altiplano y avivar los recuerdos de la juventud. Suelen ocupar una mesa grande y tomar entre varios una botella de singani Cuatro Estrellas, también llamada "Cuatro Esquinas" en la jerga paceña. De esta manera logran olvidar por unos momentos sus miserables existencias de veteranos de guerra, dominadas por la pobreza y la soledad, para volver a evocar aquella guerra obscura que transformó en un infierno sus años mozos. Aquella guerra de la que el mundo no quiso saber, pero que dejó marcadas sus vidas para siempre. De nuevo pasan revista a los mil y uno abusos que se cometieron en lo que tal vez fuera el conflicto armado más absurdo de la historia. De nuevo causa indignación el cinismo de Kundt, el general alemán en que Bolivia ciegamente había depositado su confianza y que mandó a miles de soldados bolivianos a los campos de muerte. O la criminal terquedad de Salamanca, el presidente boliviano de entonces, que se creía capaz de dirigir el ejército desde su despacho en La Paz. También el innoble proceder de ciertos oficiales que optaban por mantenerse en la retaguardia y emborracharse con el escaso alcohol destinado a los hospitales militares. Pero lo peor de todo fue la sed, enemigo mortal del combatiente, suplicio indecible que enloquecía a pelotones enteros.

Cuando finalmente el fuego de los recuerdos termina por apagarse y las pausas entre las pláticas se van haciendo cada vez más largas, los contertulios se despiden. Cada cual emprende el camino a casa, regresando a su condición de anciano marginado y anónimo. Rumbo a alguna pensión de poca monta cuyo alquiler absorba la mayor parte del estipendio de veterano, o algún tugurio perdido en un callejón paceño, donde la sentina corre libremente por el pavimento y donde la mala hierba invade los muros.

Cada vez que la muerte se lleva a un compañero, una banda militar le rinde los últimos honores al difunto. La banda está formada por un grupo de jóvenes - algunos aún niños - de un reformatorio militar. Delante va un negro alto y robusto que toca la corneta con una mirada furiosa. El pantalón le llega a diez centímetros de los tobillos. Los otros músicos visten uniformes con características similares, es decir, o demasiado grandes o demasiado pequeños. El último es el tambor, un indiecito que calza botas de siete leguas, apenas visible detrás de su instrumento desproporcionadamente grande.

Los jóvenes preceden al féretro y suben muy lentamente por la Mariscal Santa Cruz, tocando la canción "Boquerón abandonado":

"Boquerón abandonado,
sin comando ni refuerzo,
tú eres la gloria del
soldado boliviano"...

El tambor resuena con fuerza entre las fachadas coloniales, haciendo vibrar los adoquines y estómagos de los espectadores. La pequeña comitiva sigue subiendo por las calles estrechas y empinadas, frente a los rostros impasibles de las vendedoras indígenas. Luego pasan por la Tumusla que desemboca en la Garita de Lima, una plaza atiborrada de mercachifles, fritangas y puestos de venta, donde la súbita llegada de la comitiva causa por unos momentos el estancamiento del alboroto.

Ya no falta mucho para el Cementerio General donde, disipadas las notas tristes de la corneta, el muerto será sepultado en el sector reservado para los veteranos del Chaco.

© Michel Janssen Amsterdam, 1985

.

 

Michel Janssen lives in the Netherlands.

He has also written another short story at this site.

 

 

 Notice © 2001 IP and the author


Page up

[Intercultural Platform] [Introduction] [Literature] [Gallery] [E-mail]

Copyright © Global Vision Platform / Adriaan Boiten     e-mail: webmaster

 

Find your way back to the Global Vision Platform Home Page